Ecología, arquitectura y hogar

Volver a habitar desde el significado original de oikos

 

Hay palabras que utilizamos con frecuencia y cuyo significado original parece haberse ido difuminando con el tiempo. Ecología es una de ellas.

Hoy solemos asociarla de forma casi automática con sostenibilidad, medio ambiente o protección de la naturaleza. Sin embargo, su raíz etimológica nos conduce a un significado mucho más cercano y cotidiano.

La palabra ecología proviene del griego oikos, que significa hogar, y logos, que indica conocimiento y relación.

La ecología habla, en esencia, de las relaciones que hacen posible un lugar habitable.

Y quizás precisamente ahí resida una de las cuestiones más importantes para nuestras ciudades y edificios en las próximas décadas.

 

El reto no es sólo construir, sino volver a habitar

 

Durante décadas, gran parte del desarrollo urbano ha priorizado la eficiencia constructiva y la optimización económica inmediata. En muchos casos, ese proceso ha ido desplazando elementos propios de la arquitectura mediterránea que durante siglos habían facilitado de forma natural la relación entre clima y habitabilidad.

La ocupación intensiva del suelo y la impermeabilización progresiva del territorio han reducido la presencia de espacios verdes integrados, históricamente fundamentales para refrescar los entornos habitados del mediterráneos, remontándose no menos al tiempo de los jardines de la antigua mesopotamia.

Hoy en día, aplicando modelos constructivos y económicos de “éxito global”, hemos olvidado, casi siempre, el papel de las plantas y del agua en la relación entre la arquitectura, el clima mediterráneo y la habitabilidad. 

Porque las ciudades mediterráneas desarrollaron durante siglos sus propias soluciones, profundamente adaptadas al clima. Los patios regulaban temperatura y ventilación; las pérgolas y sombras vegetales protegían de la radiación; los espacios intermedios suavizaban la transición entre exterior e interior. No eran únicamente decisiones constructivas o estéticas, sino formas de adaptación ecológica al territorio.

Quizás no se puede generalizar la reintroducción en la construcción moderna del peristilo griego, del claustro medieval, o del patio árabe. Pero sí debemos reintroducir su esencia, devolviendo  a los elementos vegetales y al agua su lugar en el espacio que habitamos, otorgándoles de nuevo la oportunidad de que nos brinden el refresco y la quietud que siempre dieron.

Hoy, sin embargo, buena parte de las cubiertas y envolventes de nuestras casas, y en general los espacios urbanos funcionan como superficies duras altamente expuestas e impermeables, que generan fuertes problemas de habitabilidad; principalmente por la acumulación de calor y el riesgo incrementado de inundaciones. Y además al quedarse las ciudades alejadas de los procesos ecológicos, se reduce la biodiversidad y se limita el confort real de los espacios exteriores que todos buscamos en el contacto con la naturaleza. Por tanto la consecuencia de alejarse de los elementos naturales no es sólo ambiental, sino también de índole humana. Porque en definitiva afecta directamente a la forma en que vivimos, usamos y habitamos nuestros espacios cotidianos.

 

La vegetación no es sólo decoración, tiene su función en el espacio habitado

 

Quizás uno de los cambios más importantes que necesitamos en rehabilitación y diseño urbano sea dejar de entender la vegetación como un simple elemento decorativo. Porque la vegetación puede formar parte activa del funcionamiento ambiental de cada hogar, edificio y de la propia ciudad en su conjunto.

Hay una serie de beneficios típicos de la naturaleza que pueden ser donados a las ciudades por el simple hecho de facilitar su presencia y conservación. Un espacio verde funcional, incluso el más pequeño puede contribuir a regular temperaturas favoreciendo la evapotranspiración y amortiguando la radiación con sombras; a mejorar la retención hídrica reduciendo el riesgo e intensidad de las inundaciones. 

Pocos pequeños hacen el todo, metro a metro se construye biodiversidad funcional, aumentando así el nivel de confort y de salud de nuestros espacios.

En este contexto aprovechemos espacios infrautilizados, como cubiertas, terrazas y envolventes entre otros, para promover espacios vegetales funcionales, que pasen  a convertirse en infraestructura ecológica ligera integrada en el espacio habitado. Devolvamos a la naturaleza parte del espacio que le arrebatamos cada vez se transformamos en un suelo rural en urbano.

El reto es volver a integrar naturaleza, agua y vegetación en la arquitectura mediterránea, innovando con una lógica ecológica del habitar que nunca debimos abandonar.